¿Qué es una teoría? (I)

La palabra teoría se utiliza mal en general, como muchos sabréis. Cuando alguien dice tener una teoría sobre algo, suele referirse a que se le ha ocurrido una forma de explicar o predecir algo: "tengo una teoría de cómo ha llegado mi reloj al patio", "tengo una teoría de lo que va a pasar en tal serie la siguiente temporada.", etc. Si bien todos sabemos a lo que se están refiriendo, insisto en que la palabra teoría no está bien empleada, sino que debe sustituirse por la palabra hipótesis, que sí que da a entender esa incertidumbre buscada en el enunciado.

En Ciencia, debemos emplear dicha palabra con mucho más cuidado, ya que esconde una profundidad inesperada (e infravalorada en muchos casos) que nos puede llevar a cometer errores garrafales, como pensar que cualquier chorrada (detente un segundo para deleitarte en este concepto, que también es bastante profundo) puede considerarse una teoría científica. Realmente, voy a sacar tres significados serios a la palabra teoría: uno en ciencias naturales, que es el que quiero describir en este artículo, otro en Física, que es un tecnicismo cargado de dificultad y de cosas asombrosas, y que también quiero desarrollar en una segunda parte, y un tercer significado en el ámbito de la Lógica, que describiré someramente en algún momento.

Ataquemos la primera acepción de la palabra sumergiéndonos en el bello mundo de la Filosofía de la Ciencia -que, pese a la creencia popular, es cada vez más necesaria.-. Para ser justos, señalemos que la siguiente acepción de la palabra teoría no solo se aplica a las ciencias naturales sino a todas las demás salvo las exactas. Una teoría es un conjunto de hipótesis que describen un fragmento de la realidad; para considerarla científica, estas hipótesis deben ser contrastadas de forma experimental u observacional siguiendo una regla fundamental: que cualquier experimento pueda ser repetido por cualquier otro experimentador para obtener los mismos resultados. Esta definición se puede afinar en algunos casos en cuanto a la forma de medir o dónde aplicar los resultados... pero esta es la base fundamental. Una teoría científica es decir que las cosas caen hacia abajo, de forma que se repita donde o cuando se repita el experimento el resultado será el mismo (dentro del rango de aplicación, tiquismiquis); una teoría no científica es decir que las cosas caen hacia abajo porque unos duendes gallegos, absolutamente indetectables, tiran de ellos, ya que no puede ser contrastada. Tampoco es una teoría cualquier enunciado basado en experiencias extrasensoriales, que no pueden ser replicadas con exactitud por cualquier otra persona; ya que estamos, la Homeopatía es una teoría científica que ha demostrado experimentalmente ser falsa (por mucho que diga tu vecino, no se molestó en tomar datos contrastables), mientras que el Creacionismo no es una teoría científica (curiosamente, la Evolución, tal y como fue expresada en el momento en el que fue expresada, tampoco lo era). Es más, estos últimos ejemplos encajan a la perfección en la categoría de chorradas.

Hay algunas conclusiones que debemos sacar de esto. La primera, es que cada verdad científica está condenada a ser cierta dentro del rango de aplicación de la teoría, que es en el cual hemos llevado a cabo los experimentos: carece de sentido pensar que algo cae hacia abajo si estamos flotando en medio del espacio y no hay nada que nos señale donde está "abajo". Esto último puede ser realmente perturbador en términos lógicos: ¿hasta dónde es extrapolable nuestro conocimiento? La segunda conclusión, menos inquietante, es que las Matemáticas, si no son (quizá lo sean, pero es una verdad científica) el lenguaje más natural en el que expresar los resultados de los experimentos, son una poderosísima herramienta para tal fin. Esto lo digo yo que soy físico, aunque lo más probable que un biólogo preocupado en describir la fisionomía del perro de la pradera discrepe considerablemente por razones profundas. Estamos trabajando en ello.

Una teoría, en este aspecto, no siempre tiene por qué ser científica necesariamente: si carecen de base empírica, puede tratarse de una teoría filosófica, teológica, etc... ¿Tienen más valor unas que otras? Yo creo que sí, precisamente por el hecho de que las teorías científicas son universales en el sentido de que son para todos igual, pero tampoco quiero decir que basemos nuestro conocimiento y nuestra conducta únicamente en lo que es o no científico.

Lo que se deja entrever en estas líneas es el Método científico en todas sus manifestaciones, y es algo en lo que nadie suele reparar. Ni siquiera los investigadores, pese a que lo utilizan continuamente, y es algo que ahora, más que nunca, es absolutamente necesario. Gracias a Internet cada uno puede dar su opinión, explicar lo que quiera y argumentar como quiera, lo cual es algo positivo muchas veces, pero siempre acaban por aparecer quienes nos intentan vender que la Tierra es plana o que fuimos creados por lagartijas primigenias (a la caja de chorradas), con lo que la información verdadera se desvirtúa y se diluye en un mar regido por una máxima sinceramente aborrecible: que todo lo que se expresa vale lo mismo por el hecho de ser expresado. No es así, y ahí está el Método científico en particular y la Lógica en general como herramientas capaces de distinguir lo que es cierto de lo que es pura conjetura.

En el próximo artículo sobre este tema abordaremos qué se entiende por teoría en Física fundamental, que es un término mucho más abstracto, pero que pasa por uno de los principios más importantes: la mínima acción.

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